Leer es una de las actividades de ocio más valoradas tanto por sus beneficios didácticos como por su capacidad de mantenernos pegados a un pasatiempo de lo más placentero. Pese a ello, nos encontramos con que, muchas veces, no tenemos el tiempo suficiente como para dedicar tantas horas como desearíamos a la lectura. Y es que las horas del día son limitadas y nuestro tiempo vale oro en los tiempos que corren.

Lectura rápida

Sea por estudios, trabajo o por mero placer, debemos leer gran cantidad de textos durante nuestros días, y son muchas las veces donde la cantidad de frases se nos van de las manos. Las prisas y la ansiedad pueden jugar una mala pasada. ¿A quién no le ha pasado que anda leyendo varios párrafos y enseguida se da cuenta de que no ha entendido la mitad del texto?

Los más ávidos lectores han desarrollado algunas de las mejores ideas para poder gestionar mejor nuestro tiempo y poder llegar a todas esas páginas que tantas veces se nos resisten. Así pues, recopilamos algunas de las mejores ideas para mejorar nuestra capacidad de lectura sin dejar de conectar con todas y cada una de las ideas que se nos presentan.

La subvocalización

¿Te das cuenta de que cuando estas leyendo, en tu subconsciente, resuenan las palabras como si las estuvieras leyendo en voz alta? Esa es una técnica que, consciente o no, puede ayudar para recordar ciertos conceptos cuando lo que estamos es estudiando ciertas temáticas en profundidad.

Pese a ello, debemos tener en cuenta que, esa misma técnica, no es nada efectiva cuando estamos leyendo una historia o necesitamos leer a la máxima velocidad posible. Vocalizar cada una de las palabras de forma mental hace que nuestro tiempo de lectura se ralentice y nos dificulte llegar a las máximas palabras posibles en el menor tiempo posible.

Evitar la subvocalización no es una tarea sencilla, puesto que es algo que podemos realizar de forma subconsciente. Pero, ¿por qué no intentarlo? Tratemos de leer un texto con la mente en blanco, con nuestros ojos como principal guía de lectura y intentando abarcar el máximo número de palabras posibles. Si conseguimos eliminar esa subvocalización, habremos dado un gran paso para aumentar nuestra velocidad de lectura.

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Los movimientos oculares

Los ojos son, al final, la parte del cuerpo humano que capta toda la información durante nuestro tiempo de lectura. Al contrario de lo que piensa mucha gente, los ojos son el órgano que capta toda la información, después procesada por nuestro cerebro.

Por lo tanto, debemos entrenar nuestros ojos para que estos capten la mayor información posible durante nuestro tiempo de lectura. Los estudios más recientes dictaminan que el ojo humano puede percibir hasta ocho palabras hacia su derecha y cuatro palabras a la izquierda -en posición estática-, por lo que su rango de lectura es bastante mayor a lo que muchos de nosotros estamos acostumbrados.

También hay que tener en cuenta muchos movimientos que realizamos involuntariamente durante la lectura y que, más que ayudarnos, nos perjudican a la hora de leer de la forma más efectiva posible. Es importante evitar re-leer partes del texto que ya hemos entendido, así como movimientos entre líneas que nos quitan un tiempo precioso. Lo importante es centrarse en las líneas que estamos leyendo, intentando realizar el menor número de movimientos oculares posibles y entendiendo el mayor número de palabras que se nos expongan.

Así mismo, el ojo humano se puede entrenar para que capte el mayor número de ideas posibles. En este caso, la lectura rápida es un entrenamiento ideal para el caso que nos atañe. Intentar leer de la forma más fugaz posible, sin volver atrás en ningún momento y intentando captar todas las ideas que se nos exponen, puede ser un método verdaderamente infalible para conseguir leer a la velocidad que nosotros deseemos.

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Lectura superficial

El cerebro humano es capaz de entender palabras que no tienen porque ser leídas al completo, pues nuestra capacidad de rellenar espacios de lectura puede hacernos percibir la idea general que se nos está transmitiendo en un texto. La lectura superficial consiste en repasar de forma muy general un lectura concreta, percibiendo las ideas generales y dejando que sea nuestro cerebro quien complete el resto de su contenido.

En este sentido, es importante que nos centremos en los títulos y los subtítulos del texto, puesto que nos darán la mayor cantidad de información posible en un lapso relativamente corto de tiempo. Leer, además, el principio y final de cada párrafo nos ayudará a completar esas mismas ideas y a poder comprender, en mayor o menor medida, aquello que se nos está exponiendo.

La lectura superficial puede ser tremendamente efectiva para comprender ideas de forma mucho más rápida, pero es importante que se tenga una vaga idea de lo que se está leyendo de forma previa a la lectura. Por lo tanto, es un método ideal para repasar unos apuntes o un estudio concreto, siempre que no se tenga el tiempo necesario para leerlo al completo.

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