El HIIT, el método más efectivo para adelgazar

El HIIT, el método más efectivo para adelgazar

La falta de tiempo y de ganas pueden ser condiciones fundamentales para que dejemos nuestros objetivos deportivos de lado y nos centremos en otras facetas de nuestra vida. Sin embargo, existen nuevos métodos, antes ideados para los deportistas de élite, que podemos utilizar en nuestras rutinas diarias y que conllevaran resultados espectaculares con mucho menos tiempo invertido.

HIIT

El HIIT (high intensity interval training) es un método deportivo que consiste en quemar el máximo número de calorías posibles en el menor tiempo posible. Para ello, del deportista en cuestión realizará series cortas de ejercicio a la máxima intensidad posible. Normalmente, se realizarán unas 8 series de entre 45 segundos y 2 minutos, con un descanso entre serie y serie de entre 3 y 5 minutos a baja intensidad.

Si hacemos un cálculo rápido, nos daremos cuenta de que haciendo ocho series de un minuto, con un descanso de 5 minutos entre serie y serie, tendremos un entrenamiento de solamente 43 minutos realmente efectivo. De entrada, puede parecernos iluso pensar que con tres cuartos de hora quemaremos más calorías que con dos horas de ejercicio. La respuesta, eso sí, reside en los mecanismos que regulan nuestro cuerpo.

Beneficios para el cuerpo

Este tipo de entrenamientos, además de efectivos para nuestros horarios y nuestras ganas de permanecer en el gimnasio no más de unos cuarenta y cinco minutos, son realmente beneficiosos para nuestro cuerpo. Además de mejorar nuestra capacidad aeróbica y anaeróbica, la realización de entrenamientos de alta intensidad mejorará nuestra presión sanguínea, nuestra sensibilidad a la insulina y una mejor regulación de la glucosa almacenada en nuestro cuerpo.

Realizar un buen HIIT hará que nuestros niveles de consumo de oxígeno aumenten, por lo que, incluso después de haber realizado el ejercicio, nuestro cuerpo permanecerá quemando calorías durante un buen rato. Además, y por si lo planteado anteriormente no era suficientemente convincente, podemos asegurar que realizar entrenamientos de alta intensidad mejora patologías como la hipertensión arterial, la diabetes o la obesidad.

A pesar de que, después de realizar el entrenamiento, podemos sentirnos realmente cansados y, a veces, hasta un poco mareados, no tenemos de qué preocuparnos. Al final, es importante que cada uno conozca su propio cuerpo y sus límites. Es evidente que, si nos pasamos de la raya y exigimos demasiado a nuestras piernas, podemos llegar a hacernos daño o a lesionarnos.

Por eso, podemos empezar por marcarnos ciertas rutinas que nos ayuden a tener controlada nuestra capacidad deportiva para, pasado el tiempo, ir aumentando o disminuyendo la exigencia en función de nuestras habilidades.

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El HIIT y sus rutinas

Como bien hemos visto con anterioridad, el entrenamiento de alta intensidad consiste en varias series cortas, con reposo entre medias, pero con una intensidad por encima de la media. En definitiva, lo que tenemos que hacer es dar nuestro cien por cien en cada una de las series planteadas, llegar hasta nuestros límites para, pasado cierto tiempo, relajarnos y prepararnos para la siguiente embestida. Para poder lograr esa intensidad, nos pueden ser de ayuda ciertas técnicas o objetos que exijan algo más a nuestro cuerpo en mitad del ejercicio físico.

Si lo nuestro es correr, podemos utilizar cintas que nos permitan alcanzar altas velocidades o colocarnos en posición vertical para aumentar nuestro ejercicio físico. En caso de que queramos entrenar fuera del gimnasio, lo ideal sería correr en sitios donde se nos ejerza cierto tipo de resistencia en el cuerpo, como por ejemplo la arena o una cuesta empinada.

El caso de la bicicleta o la natación es similar. Si optamos por el gimnasio, las propias máquinas de bicicleta nos permiten establecer una resistencia; en la naturaleza, podemos encontrar cuestas que nos exijan esa misma intensidad. En el caso de la natación, podemos usar ciertos objetos que nos dificulten el nado; fuera del gimnasio, nada más natural que una playa donde las olas nos dificulten el ejercicio y nos pongan a prueba. El remo o la elíptica también podrían ser métodos efectivos para implementar el HIIT en nuestras rutinas semanales.

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Una buena preparación

Sea como fuera, y sea cual sea nuestro método escogido, debemos tener presente que los tiempos de entrenamiento y de descanso deben ser realistas y pensados para nuestra capacidad deportiva y de recuperación. Hacer un buen HIIT puede ser realmente provechoso y nos hará perder muchas calorías en un periodo realmente corto de tiempo, pero también podría resultar perjudicial si se hiciera de forma errónea y sin una planificación previa.

Como bien hemos comentado, es importante que conozcamos nuestro cuerpo y seamos conscientes, en todo momento, de nuestras capacidades físicas. Antes de intentar realizar dos o tres entrenamientos de alta intensidad a la semana sería convincente tener un background físico lo suficientemente fiable como para no desfallecer en el intento de realizar un buen HIIT.

Pese a que este tipo de entrenamiento no tiene porque ser peligroso, si que es cierto que nos exigirá un rendimiento superior y puede superarnos en ciertas facetas de su práctica. Si lo realizamos correctamente, eso sí, nos encontraremos con que sus beneficios empezarán a aparecer nada más y nada menos que a las 6 semanas de entrenamiento; en solo un mes y medio encontraremos con que hemos bajado de peso sustancialmente.

Y es que, al final, ese es uno de los grandes beneficios del HIIT, su capacidad para darnos buenos resultados en un periodo corto de tiempo y sin requerir horas y horas de entrenamiento en los gimnasios. El entrenamiento de alta intensidad es, sin ningún tipo de duda, el ejercicio que estás buscando para vincular tu vida personal, laboral y deportiva sin ningún tipo de dificultad añadida.

¡Consigue dormir bien por las noches!

¡Consigue dormir bien por las noches!

Poder dormir las suficientes horas es uno de los problemas más comunes de la sociedad actual. El insomnio y, en general, los problemas que padecemos al descansar se han convertido en uno de nuestros principales dolores de cabeza. A nadie le gusta no poder dormir por las noches, y es que la sensación de levantarse fatigado y sin la energía suficiente para afrontar nuestro día a día puede representar un verdadero problema para muchos trabajadores o estudiantes.

Dormir bien

Algunas personas necesitan solamente 6 horas para sentirse plenamente recuperados; otras, en cambio, necesitan hasta 10. Cada cuerpo es un mundo, pero los estudios han ido dictaminando cuales son las condiciones generales para considerar si estamos o no pasando por buenas fases de sueño.

Según los últimos estudios, el cuerpo humano necesitaría dormir hasta un tercio de su vida, es decir, ocho de las veinticuatro horas del día. Poder llegar a ese número de horas es un verdadero quebradero de cabeza teniendo en cuenta los horarios que manejamos, especialmente en un país como España, donde los horarios de las comidas se retrasan en comparación al viejo continente y donde, igualmente, las jornadas laborales empiezan temprano por la mañana.

¿Qué nos aporta dormir?

Dormir bien es imprescindible para poder levantarnos al día siguiente con las pilas recargadas y con la suficiente energía como para afrontar la jornada al máximo de nuestras condiciones físicas e intelectuales. Durante el periodo de descanso, nuestro sistema arterial se relaja, por lo que los riesgos de sufrir hipertensión se reducen notoriamente. Esto significa una verdadera recuperación física durante el periodo de sueño, donde nuestros tejidos se recomponen y nos levantamos sin algunos dolores que nos atacaban por la noche.

Además de estar más activos, dormir nos permite luchar contra trastornos como la obesidad o, incluso, parecer más bellos ante las otras personas. La creatividad o el buen humor también son síntomas de un buen sueño; en definitiva, ¿a quién no le gustaría poder dormir todas las horas necesarias cada una de las noches de su vida?

Dormir_bien

¿Cómo dormir bien por las noches?

Una de las preguntas más comunes para aquellos quienes descansar no es un hábito sencillo es precisamente esta. Es evidente que nos cansamos, tenemos sueño e intentamos dormir. Entonces, ¿por qué no somos capaces de descansar por las noches? Existen varias técnicas, o consejos, para que nuestras noches sean mucho más placidas y podamos dormir las máximas horas posibles.

Para ello, eso sí, necesitamos mantener un estilo de vida concreto y seguir algunas pautas que nos facilitaran enormemente la tarea que nos atañe. Para empezar y antes que nada, debemos entender que, es muy probable, no necesitemos dormir tantas horas como nos pensamos. A todos nos gusta relajarnos los fines de semana y notar como es el propio cuerpo quien nos despierta ya entrado el mediodía. Quizás es una sensación reconfortante, pero no por ello beneficiosa para nuestra salud.

Debemos tener en cuenta que nuestro cuerpo cuenta con una especie de reloj que controla nuestros horarios y hábitos. Despertarnos a horas muy diferentes durante la semana puede ser perjudicial para este reloj, que se verá confundido y no llegará a comprender cuáles son nuestros hábitos. Por lo tanto, es importante que intentemos levantarnos y acostarnos, más o menos, a la misma hora cada uno de los días de la semana. Esta norma no tiene porque ser estricta, pero deberíamos intentar ceñirnos al máximo a ella.

Una vez recuperados nuestros horarios, debemos cuidar nuestro cuerpo para que se siente en las mejores condiciones para descansar. Haz deporte, deja de fumar, mantén el cuerpo activo para que necesite un buen descanso cuando llegue la noche. A veces, una siesta después de comer puede ser una buena aliada para recuperar la energía en mitad de nuestra jornada laboral o estudiantil. Echarla no debería ser ningún problema… si no superamos los 30 minutos de duración. La tentación de seguir durmiendo es muy grande, pero los expertos dictaminan que 20 minutos de sueño durante nuestro día son suficientes como para regenerar nuestras energías e incluso para favorecer nuestro sistema cardiovascular.

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Hábitos para descansar por las noches

Más allá de todo lo explicado con anterioridad, debemos entender que una buena zona de descanso es imprescindible para que nuestro cuerpo genere las condiciones necesarias para una buena etapa de sueño. Mantener nuestra habitación entre los 16 y 18 grados centígrados sería ideal para que nuestro cuerpo cogiera la temperatura ideal para empezar a dormir. Y, evidentemente, antes de echarnos a la cama debemos tener en cuenta unos últimos tips que nos ayudaran a empezar con buen pie al despertarnos.

Olvídate de la cafeína antes de echarte a la cama. Así mismo, intenta evitar cualquier tipo de pantalla en las horas previas al descanso. Nuestro cuerpo no está preparado para luces intrusivas a esas horas de la noche: lo último que queremos es confundir nuestro reloj y que piense que aún estamos de día. Por eso, es igualmente importante que mantengamos nuestra habitación a oscuras, sin ningún tipo de distracción a mano y, si puede ser, sin un reloj a la vista que nos vaya indicando cuanto sueño estamos perdiendo a cada minuto que pasa.

Por último, es destacable que, si no conseguimos dormir pasados los veinte minutos de echarnos a la cama, intentemos hacer algo para cansar nuestro cuerpo y que, al volver a la cama, nos pongamos a dormir sin ningún tipo de dificultad añadida. El estrés de intentar descansar sin éxito alguno puede ser perjudicial para nuestra mente; deja de dar vueltas en la cama y lee un libro, haz algo de yoga o pasea un poco por tu casa. Cansar al cuerpo y la mente será mucho más beneficioso que ponerse nervioso porque estamos perdiendo horas de sueño.

Si sigues todos estos pasos, verás como tu salud a la hora de dormir incrementa sustancialmente a lo largo de las semanas. Lo más importante, al final, es mantener la paciencia y no estresarse cuando las cosas no salen bien. Mantener la mente en blanco y evitar el estrés es la clave definitiva para conseguir nuestros objetivos. ¡Que descanses bien!

Aprender a tocar un instrumento y no morir en el intento

Aprender a tocar un instrumento y no morir en el intento

Aprender a tocar un instrumento puede llegar a ser una tarea titánica en muchos sentidos. Las horas que conlleva dominar todas sus técnicas pueden llegar a ser desesperantes, pero con paciencia y con una buena planificación todo puede llegar a resultar muchísimo más sencillo. En una época donde los recursos online se encuentran a lo largo y ancho de la red, es importante que sepamos encontrar cuáles son los materiales más valiosos y cuales deben ser las técnicas que aprendamos con paciencia y tesón.

Aprender instrumento

Porque aprender a tocar la guitarra, el piano o la batería puede llegar a ser mucho más sencillo si nos empleamos con constancia y dedicación, sabiendo en todo momento donde están las fuentes de información más fiables y cuando tenemos que aplicar nuestro aprendizaje para ser mejores músicos. Y es que tocar un instrumento puede llegar a ser muy beneficioso tanto para nuestros tiempos de ocio como para nuestra salud mental, incrementando muchos aspectos de nuestro intelecto y, quién sabe, si encontrando una nueva pasión en nuestra vida.

Beneficios para tu salud

Aprender a tocar un instrumento es algo tremendamente beneficioso para nuestro intelecto. Son muchos los estudios que dictaminan que la práctica de música mejora desde nuestras habilidades en el lenguaje hasta nuestra memoria, pasando por nuestra conducta o nuestra inteligencia espacial (formar imágenes de los objetos que nos encontramos en nuestro día a día).

Estas mejoras pueden ser de mucha utilidad para nuestro día a día, puesto que esas habilidades que se van desarrollando pueden aplicarse en muchos ámbitos de nuestra vida. Resolver problemas matemáticos o mantener un estado de ánimo positivo pueden ser tareas mucho más sencillas cuando nuestro cerebro se entrena en base al desarrollo de prácticas musicales.

Y es que las conexiones que se establecen en nuestro cerebro cuando se practica un instrumento hacen que trabajemos intelectualmente y que rindamos a un nivel muy superior al habitual. Nuestra capacidad de atención mejorará, así como nuestras habilidades para comunicarnos con nuestro entorno.

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¿Qué instrumento debemos empezar a tocar?

Diversos estudios dictaminan que la mejor edad para empezar a desarrollar nuestras habilidades con un determinado instrumento es a los 5 años. A esa edad, el cerebro humano aún no está del todo desarrollado y está capacitado para absorber muchos conceptos que se irán extendiendo al transcurso del tiempo.

Antes de los 5 años, los niños aún no son capaces de distinguir entre una melodía o un simple ruido; a partir de esa edad, sus habilidades de escucha se irán desarrollando hasta el punto en que, quizás, sus ganas de tocar un instrumento empiecen a aparecer. De todos modos, es importante que sea el propio niño quien escoja aquel instrumento que quiere empezar a investigar y desarrollar.

Pese a que el piano o la flauta siguen siendo los instrumentos más escogidos a esa temprana edad -básicamente por lo sencillos que resultan los primeros pasos- es importante no coartar en ningún momento la libertad del niño para que se interese en el (o los) instrumentos que más le apetezcan.

¿Y qué sucede cuando queremos aprender a tocar un instrumento a una avanzada edad? No hay de que preocuparse. Si existen las ganas y el tiempo para desarrollar nuestras habilidades, no tendríamos de que preocuparnos. ¡Podemos aprender a desarrollar nuestra técnica a cualquier edad!

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¿Cómo aprender a tocar un instrumento?

Una vez empezamos a tener más responsabilidades y el tiempo corre cada vez más deprisa, nos encontramos con que las dificultades para comenzar nuestro aprendizaje son mayores. Para intentar esquivar todas esas problemáticas tan frecuentes en la vida adulta, debemos aprender a desarrollar un seguido de pasos para que todo el proceso sea lo más sencillo posible.

Hoy en día, existen una cantidad abrumadora de opciones que nos facilitan enormemente el aprendizaje de un determinado instrumento. Internet y todas sus virtudes han revolucionado el proceso de enseñanza musical, y es que, ahora mismo, existen muchísimos vídeos, tutoriales o métodos online como para no depender de un profesor de música que nos obligue a seguir unas rutinas determinadas con horarios más o menos estrictos.

Pese a ello, no podemos dejar que toda nuestra enseñanza recaiga en las plataformas online, puesto que estas se olvidan del factor humano tan importante en el aprendizaje de un instrumento musical. Por ello, es muy importante que el alumno aprenda a relacionarse con compañeros de instrumento para intercambiar consejos, técnicas y consideraciones respecto a las habilidades de cada uno de ellos.

Más allá de eso, también es fundamental que el alumno no tenga ningún tipo de prisa para llegar a las habilidades que desea. Un instrumento requiere de tiempo y de precisión; lo que no queremos bajo ningún tipo de circunstancia es adquirir malos hábitos que, a la larga, puedan ser perjudiciales para nuestro aprendizaje. Así pues, no nos hace falta nada más que ponernos manos a la obra e intentar ser los y las mejores músicos posibles. ¡Que suene la música!

¿Es posible eliminar el miedo del cerebro?

¿Es posible eliminar el miedo del cerebro?

Llega Halloween, la jornada del terror, las peores pesadillas se convierten en realidad. Películas de miedo, disfraces terroríficos… son muchos los que disfrutan de esta tradición americana en nuestras tierras, dando rienda suelta a aquellas ideas que nos asustan en medio de la oscuridad de la noche.

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Pese a que tendemos a huir de nuestros miedos, lo cierto es que seguimos sentándonos frente al televisor para degustar nuestros films de terror favoritos. Y son muchos los que viven las horas posteriores a la jornada con el miedo aún en el cuerpo, y es que el cerebro humano es capaz de retener todos esos temores como herramienta de protección para un futuro no muy lejano.

Imagínate no sentir miedo, no tener ningún tipo de temor a lo largo de la vida. Sin duda alguna, nos encontraríamos ante una situación realmente peligrosa, donde nos atreveríamos a realizar cualquier cosa sin temer por nuestra integridad física o intelectual.

Pese a que el miedo es un recurso obvio que el cuerpo necesita, no son pocos los que desearían que este desapareciera para poder vivir más tranquilamente y sin los remordimientos que hayan podido aparecer en situaciones de estrés.

Muchos investigadores trabajan día tras día en posibles soluciones para que esos posibles traumas desaparezcan y, por lo tanto, se eliminen de nuestra memoria. Primero y antes que nada, eso sí, necesitaremos conocer como funciona nuestro cerebro y donde guardamos esos recuerdos que nos aterran por las noches.

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¿Dónde almacenamos el miedo?

Los científicos coinciden en que el miedo se almacena en la amígdala central, una parte del cerebro donde se concentran las situaciones de estrés. Más concretamente, ese miedo se guarda en el núcleo paraventricular del tálamo, una zona del cerebro tremendamente sensible. Algunos estudios revelan que, al desconectar esa zona en el cerebro de algunos animales, estos dejaban de reaccionar ante algunas situaciones de ansiedad o de terror.

Para realizar esa operación era necesario desconectar las moléculas que recorrían esa zona del cerebro, particularmente relacionada con el temor y el miedo. Esos experimentos, realizados con animales de laboratorio, pudo identificar cuales eran esas zonas sensibles del cerebro y cuales eran los impulsos que se tenían que eliminar para que dichos animales dejaran de padecer.

Una vez conocidas las bases, ¿podemos llegar a creer que podemos desactivar el miedo del cuerpo humano? Si bien nuestro cerebro es tremendamente más complejo que el de un ratón, hay ciertas conexiones que nos permiten adivinar ciertas semejanzas y conductas similares.

El cerebro humano

Cuando experimentamos una situación que nos provoca miedo, el trauma permanece en nuestro cerebro a través de las conexiones neuronales ligadas a la amígdala central. Una imagen terrorífica o una situación en la vida real que nos provoque un shock puede hacer que volvamos a sentir ese mismo temor al volver a pasar por esas situaciones de estrés.

Al igual que una persona que ha sufrido un accidente de tráfico puede tener miedo a volver a sentarse en un coche, una persona que haya tenido un trauma con cierto personaje cinematográfico puede tener verdadero temor a volver a visionar una película.

Miedo cerebro

Usos para el futuro

Esas investigaciones que se van realizando día tras día pueden ser tremendamente eficaces para el tratamiento de fobias que perturban la mente humana. Desde el miedo a las agujas hasta el temor a las alturas, este tipo de estudios ayudan a analizar el cerebro humano desde otro punto de vista, ayudando para que ciertos pacientes puedan superar sus miedos con el paso de los días.

El miedo, por lo tanto, puede eliminarse de la mente humana, pero esta seguirá recopilando imágenes y momentos tintados de terror mientras sigamos exponiéndonos a momentos de estrés. Eso sí, Halloween es el perfecto momento para poder a recuperar esas experiencias terroríficas, la agradable sensación de encontrarse frente al miedo y a superarlo mientras vives las historias más enigmáticas que te puedas imaginar.

3 consejos para aprender a leer más rápido

3 consejos para aprender a leer más rápido

Leer es una de las actividades de ocio más valoradas tanto por sus beneficios didácticos como por su capacidad de mantenernos pegados a un pasatiempo de lo más placentero. Pese a ello, nos encontramos con que, muchas veces, no tenemos el tiempo suficiente como para dedicar tantas horas como desearíamos a la lectura. Y es que las horas del día son limitadas y nuestro tiempo vale oro en los tiempos que corren.

Lectura rápida

Sea por estudios, trabajo o por mero placer, debemos leer gran cantidad de textos durante nuestros días, y son muchas las veces donde la cantidad de frases se nos van de las manos. Las prisas y la ansiedad pueden jugar una mala pasada. ¿A quién no le ha pasado que anda leyendo varios párrafos y enseguida se da cuenta de que no ha entendido la mitad del texto?

Los más ávidos lectores han desarrollado algunas de las mejores ideas para poder gestionar mejor nuestro tiempo y poder llegar a todas esas páginas que tantas veces se nos resisten. Así pues, recopilamos algunas de las mejores ideas para mejorar nuestra capacidad de lectura sin dejar de conectar con todas y cada una de las ideas que se nos presentan.

La subvocalización

¿Te das cuenta de que cuando estas leyendo, en tu subconsciente, resuenan las palabras como si las estuvieras leyendo en voz alta? Esa es una técnica que, consciente o no, puede ayudar para recordar ciertos conceptos cuando lo que estamos es estudiando ciertas temáticas en profundidad.

Pese a ello, debemos tener en cuenta que, esa misma técnica, no es nada efectiva cuando estamos leyendo una historia o necesitamos leer a la máxima velocidad posible. Vocalizar cada una de las palabras de forma mental hace que nuestro tiempo de lectura se ralentice y nos dificulte llegar a las máximas palabras posibles en el menor tiempo posible.

Evitar la subvocalización no es una tarea sencilla, puesto que es algo que podemos realizar de forma subconsciente. Pero, ¿por qué no intentarlo? Tratemos de leer un texto con la mente en blanco, con nuestros ojos como principal guía de lectura y intentando abarcar el máximo número de palabras posibles. Si conseguimos eliminar esa subvocalización, habremos dado un gran paso para aumentar nuestra velocidad de lectura.

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Los movimientos oculares

Los ojos son, al final, la parte del cuerpo humano que capta toda la información durante nuestro tiempo de lectura. Al contrario de lo que piensa mucha gente, los ojos son el órgano que capta toda la información, después procesada por nuestro cerebro.

Por lo tanto, debemos entrenar nuestros ojos para que estos capten la mayor información posible durante nuestro tiempo de lectura. Los estudios más recientes dictaminan que el ojo humano puede percibir hasta ocho palabras hacia su derecha y cuatro palabras a la izquierda -en posición estática-, por lo que su rango de lectura es bastante mayor a lo que muchos de nosotros estamos acostumbrados.

También hay que tener en cuenta muchos movimientos que realizamos involuntariamente durante la lectura y que, más que ayudarnos, nos perjudican a la hora de leer de la forma más efectiva posible. Es importante evitar re-leer partes del texto que ya hemos entendido, así como movimientos entre líneas que nos quitan un tiempo precioso. Lo importante es centrarse en las líneas que estamos leyendo, intentando realizar el menor número de movimientos oculares posibles y entendiendo el mayor número de palabras que se nos expongan.

Así mismo, el ojo humano se puede entrenar para que capte el mayor número de ideas posibles. En este caso, la lectura rápida es un entrenamiento ideal para el caso que nos atañe. Intentar leer de la forma más fugaz posible, sin volver atrás en ningún momento y intentando captar todas las ideas que se nos exponen, puede ser un método verdaderamente infalible para conseguir leer a la velocidad que nosotros deseemos.

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Lectura superficial

El cerebro humano es capaz de entender palabras que no tienen porque ser leídas al completo, pues nuestra capacidad de rellenar espacios de lectura puede hacernos percibir la idea general que se nos está transmitiendo en un texto. La lectura superficial consiste en repasar de forma muy general un lectura concreta, percibiendo las ideas generales y dejando que sea nuestro cerebro quien complete el resto de su contenido.

En este sentido, es importante que nos centremos en los títulos y los subtítulos del texto, puesto que nos darán la mayor cantidad de información posible en un lapso relativamente corto de tiempo. Leer, además, el principio y final de cada párrafo nos ayudará a completar esas mismas ideas y a poder comprender, en mayor o menor medida, aquello que se nos está exponiendo.

La lectura superficial puede ser tremendamente efectiva para comprender ideas de forma mucho más rápida, pero es importante que se tenga una vaga idea de lo que se está leyendo de forma previa a la lectura. Por lo tanto, es un método ideal para repasar unos apuntes o un estudio concreto, siempre que no se tenga el tiempo necesario para leerlo al completo.

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