Aunque se considere una piedra semipreciosa, se trata del esqueleto calcáreo formado por una colonia de organismos marinos.

Desde la antigüedad, los pueblos del Mediterráneo lo han empleado como protector contra las desgracias.

Sus orígenes evocan los tesoros del fondo del mar y los seres fantásticos que lo pueblan.

Una leyenda cuenta que, harta de los desplantes de su voluble enamorado, una joven bajó a la playa una noche a llorar su desconsuelo. Una sirena, compadeciéndose de su pena, se acercó a ella y le entregó un collar de trozos de coral. “No te lo quites nunca -le dijo -ya que este amuleto protegerá tu corazón del aguijón de los celos y hará que en tu vida nunca falte el amor. Con él serás hermosa para siempre, puesto que es uno de los secretos de nuestra legendaria belleza”.

Se emplea para favorecer la fertilidad en las mujeres y facilitar los partos. En cuanto a las energías negativas, sirve para mantener alejadas las envidias, los celos (sobre todo el coral rojo) y el mal de ojo.

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