No se trata de un cristal, sino de una mezcla de diferentes minerales. Su color va del azul-violeta al azul claro, siendo las variedades más oscuras las más apreciadas por su pureza.

Puede tener inclusiones de pirita, que le aporta vetas o motas doradas.

Egipcios, Asirios y Babilonios lo empleaban para fabricar máscaras funerarias ya que consideraban a esta piedra como un canal para conectar con los dioses.

Podemos encontrarlo en la mayoría de las grandes pinturas del Renacimiento, ya que, una vez molido y mezclado con aceites, se convertía en el «color ultramarino» . También era conocido como «el oro azul», debido a su elevadísimo precio.

El lapislázuli aporta fuerza y energía positiva a raudales. Se utiliza para combatir el embotamiento mental, ya que afina la intuición y la capacidad para analizar lo que nos rodea.

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