A menudo nos preguntamos si lo que realizamos en nuestro día a día afecta positivamente a nuestras capacidades cerebrales. En una época donde nos pasamos horas y horas frente a las pantallas, el debate sobre la adicción se plantea una y otra vez con, como no podía ser de otra forma, los videojuegos en el centro de la discusión.

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Hoy en día, los videojuegos han dejado de ser un tipo de entretenimiento para un círculo determinado de consumidores. Personas que siempre habían estado alejadas de este tipo de cultura consumen ahora videojuegos en móviles, tablets o incluso en consolas portátiles.

Los géneros de videojuegos han evolucionado hasta el punto que existen propuestas para casi cualquier tipo de público, planteamientos de mundos virtuales que no tienen porqué estar estrictamente relacionados con la violencia, por ejemplo, tantas veces relacionada con lo negativo de la plataforma.

¿Hasta qué punto afectan los videojuegos a nuestros procesos cognitivos? ¿Es verdad que los llamados gamers son más inteligentes que el resto de personas? Los videojuegos siempre han sido un medio problemático y, muchas veces, con muy mala prensa. Ahora se empieza a mostrar el lado luminoso de las cosas.

Los videojuegos como cultura de masas

Los videojuegos son una de las fuentes de ocio más importantes de la última década, una industria que ha subido como la espuma y que, ahora, ocupa un espacio privilegiado en la industria cultural. Videojuegos tan dispares como Grand Theft Auto o Candy Crush son consumidos diariamente, mostrando las diferentes facetas que esta industria puede aportar.

La industria del videojuego factura hoy en día alrededor de 1.000 millones de dólares al año, lo que significa casi el doble que la industria del cine. Lo más importante es que el consumo no deja de crecer al pasar los años y que el público potencial es cada vez mayor. Mientras que la piratería ha damnificado gravemente a las industrias de la música o el cine, la industria del videojuego se ha sabido adaptar a los nuevos tiempos, ofreciendo propuestas de forma gratuita e incentivando a los jugadores a pagar por elementos externos al propio juego.

Al igual que con el mundo de los cómics o el anime, los videojuegos han logrado salir de las pantallas y afectar a toda la cultura contemporánea. Hoy en día, se organizan competiciones de videojuegos en grandes pabellones, salones que congregan a miles de aficionados y los más atrevidos se disfrazan de sus héroes favoritos. Ahora, lo que sale en televisión no tiene porqué ser lo más famoso en el imaginario colectivo. Los videojuegos representan mucho más que las historias que vive alguien mientras se encierra en su habitación.

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¿Cómo afectan los videojuegos a nuestro cerebro?

Lo cierto es que la originalidad y la diversidad de propuestas ha ayudado a que el medio se desarrolle de la manera en que lo ha hecho hasta el momento. En una de esas innovaciones, han aparecido los juegos destinados única y específicamente a desarrollar la capacidad intelectual del jugador; pese a ello, podemos observar como no son únicamente esos juegos los que pueden ayudarnos a desarrollar ciertas habilidades cognitivas a partir de su funcionamiento.

Son muchos los científicos que han estudiado la relación entre los videojuegos y nuestro desarrollo cerebral. Y es que la pregunta sobre cómo afectan los juegos a nuestras actividades diarias es algo que preocupa mucho en el mundo actual, sobretodo a los padres de hijos que empiezan a adentrarse en este tipo de ocio.

Entre otros beneficios, como la pertenencia a grupos sociales, jugar a videojuegos aumenta la materia gris de nuestro cerebro, así como diversas habilidades relacionadas con nuestra capacidad de reacción o la comprensión de nuestro entorno. También se ha demostrado que jugar de forma regular puede disminuir las posibilidades de padecer demencia.

Pese a que los videojuegos se han relacionado con conductas violentas o antisociales, lo cierto es que muchos estudios dictaminan que los jugadores que reaccionaban de esta manera ya tenían algunas deficiencias mentales que les inducían a comportarse de esa manera. Y es que la gran mayoría de aficionados a videojuegos no traslada su conducta en los mundos virtuales a la vida real; al contrario, las habilidades de comprensión y superación que se proponen en los juegos pueden llegar a servir para resolver problemas que se nos pueden llegar a plantear en nuestro día a día.

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La diferencia entre la realidad y lo virtual

Los videojuegos son una alternativa más de ocio, un tipo de entretenimiento que, como cualquier otro tipo de pasatiempo, puede tener consecuencias negativas para nuestra actividad diaria. Sin ningún tipo de duda, la adicción sería una de las principales problemáticas producidas por los videojuegos en los últimos tiempos.

Es evidente que existen casos donde la sobre exposición a videojuegos ha causado daños intelectuales y sociales verdaderamente graves, donde la percepción de la realidad se ha visto diluida y la persona se ha visto aislada en su propio mundo. Sin embrago, también es de recibo recordar que ese tipo de adicciones también aparecen en otros tipos de ocio que poco o nada puede tener que ver con los videojuegos.

¿Qué diferencia una persona que se pasa 8 horas leyendo con la persona que se pasa 8 horas jugando al ordenador? Ambos casos pueden ser perjudiciales, por lo que no es bueno generalizar y formar opiniones en base a casos aislados que no conocemos en profundidad. A menudo, juzgamos a una persona que se siente deprimida cuando no está jugando a su juego favorito. ¿Significa eso que el individuo no es capaz de desenvolverse de forma natural en el mundo real?

Es muy probable que esa persona tenga problemas sociales que le impidan disfrutar de su vida, que tenga conflictos en alguno de sus ámbitos vitales y que necesite de ayuda para resolver algunos de sus conflictos internos. Recordemos, los videojuegos con una fuente importante de diversión e inspiración, que incluso comporta beneficios intelectuales y que nos ayuda en aspectos tan importantes de nuestra formación emocional como la empatía.

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