Se forman por la acumulación de capas sucesivas de nácar, que un molusco fabrica para recubrir un cuerpo extraño que no es capaz de desalojar del interior de su concha.

Sus colores van desde el blanco cremoso al negro, pasando por todos los colores del arcoiris. Puede adoptar formas caprichosas, como en el caso de las perlas llamadas “barrocas”, o ser perfectamente esféricas, en forma de lágrima…
El especial brillo de las perlas también es llamado “oriente”.

Todas las civilizaciones han sucumbido bajo el hechizo de las perlas, se han empleado para adornar joyas, bordar vestidos e incluso se han consumido disueltas en vino para potenciar la energía y la vitalidad.

El polvo de perla es uno de los ingredientes empleados en China para la belleza de la piel.

Para que las perlas conserven y mejoren su brillo se aconseja llevarlas en contacto con la piel el mayor tiempo posible.

Las perlas ayudan a mantener los nervios bajo control, absorben la energía negativa y evitan los ataques de ira. Aportan calma y tranquilidad y se asocian a la elegancia y la belleza.

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