Una de las grandes promesas del año nuevo es la de dejar de fumar, uno de esos vicios tan instaurados en la sociedad que, ahora, cada vez más quieren dejar de lado. Y es que, ¿qué mejor manera de empezar el nuevo año que con una auténtica revolución en nuestras vidas?

Mujer fumando

Evidentemente, dejar de fumar es una tarea arduamente complicada por los efectos del tabaco, que incluyen, entre otros, la dependencia a esta sustancia debido al placer que sienten al consumirlo durante el día. Muchos lo intentan y no lo consiguen; sin embargo, otros tantos, tras mucho esfuerzo, consiguen apartar el tabaco de sus vidas.

Mi secreto mágico os plantea algunos trucos para conseguirlo. Os avisamos, eso sí, que estamos hablando de uno de los problemas más frecuentes en la sociedad contemporánea y que, evidentemente, requerirá de un esfuerzo muy grande por parte de la persona implicada.

La adicción

Uno de los males principales del tabaco es su capacidad para convertirse en una sustancia realmente adictiva para nuestro cuerpo. Y es que actúa de forma directa en nuestro cerebro para que necesitemos de muchos más cigarros al pasar los años.

Fundamentalmente, el tabaco actúa como estimulante para nuestro cuerpo. Eso hace que nuestro organismo aumente su temperatura y nuestro cerebro se sienta saciado y reciba placer al liberar hormonas responsables del bienestar.

Cuando los niveles de nicotina son excesivos, la sensación de placer disminuye, por lo que el cuerpo pide aún más tabaco al consumidor. Si este no fuma, el cuerpo produce una sensación de malestar y de ansiedad debido a la abstinencia. Esa abstinencia es la que hay que combatir cuando decidamos dejar de fumar.

Cigarro de tabaco

¿Cómo dejarlo?

Esta es la gran pregunta que muchos se plantean cuando, por fin, deciden dejarlo. El primer paso que debemos tomar, en ese sentido, es fijarnos una fecha en la que dejaremos de fumar. Tan sencillo como eso: “tal día fumaré mi último cigarro”. Puede parecer una tontería, pero marcarnos objetivos con fechas en el calendario puede ayudarnos mucho durante el proceso.

Seguidamente, tendremos que cambiar nuestra rutina para que la abstinencia se nos haga más llevadera. Mantenernos activos y obligarnos a no fumar tienen que ser dos constantes durante todas esas semanas donde desearemos volver a fumar un cigarro. Caer en la tentación sería el peor de los males que podríamos cometer: es muy fácil recaer durante el proceso.

Controlar nuestra alimentación también puede convertirse en un elemento fundamental: tenemos que pensar que nuestro cuerpo engañará nuestra mente y querrá comer más debido a la ausencia de nicotina. Si comemos menos de lo que el cuerpo nos pide, podremos reducir drásticamente la ansiedad que nos está produciendo no tener tabaco a mano.

Por último, no hay que olvidar que la ayuda profesional siempre está allí para cuando la necesitemos. No dudemos en visitar un doctor especializado o un psicólogo que nos ayude durante todo el proceso. Además, la familia y los amigos pueden ser un apoyo fundamental para lograr nuestros objetivos.

Hombre fumando

El peligro de engordar

El efecto de la nicotina, más allá de los efectos en nuestro cerebro, tiene un impacto en nuestro sistema digestivo. Cuando fumamos, aprovechamos menos los alimentos, porque se aumentan los jugos gástricos y se disminuyen los movimientos musculares a lo largo del sistema digestivo. Además, si fumamos, disminuye el gusto de los alimentos, así como nuestra capacidad para olfatearlos.

Todo eso conlleva que, al dejarlo, estemos expuestos a un aumento de peso considerable, pues ahora estaremos ingiriendo más calorías. ¿Por qué? Primero, porque el cuerpo digerirá mejor los alimentos y consumirá más calorías. Segundo, porque la ansiedad nos hará sustituir el tabaco por comida. Tercero, porque los alimentos, por su olor y sabor, nos parecerán más apetitosos.

Lo que debemos hacer cuando dejemos de fumar es, primero de todo, apartar los azúcares de nuestras vidas, aumentando el consumo de frutas y de agua e intentando evitar esa sensación falsa de hambre que produce nuestro cuerpo.

Practicar deporte o retomar viejas aficiones puede ayudar a distraernos y a hacer que todo el proceso sea algo más llevadero. Además, manteniéndonos activos, estaremos quemando todas esas calorías que, de por sí, el cuerpo está consumiendo ahora que hemos dejado de fumar.

Los chicles de nicotina pueden ser una alternativa que nos ayude a no caer en la tentación de la comida, pero debemos tener en cuenta que los tendríamos que tomar con ciertas medidas. No pueden un sustituto del tabaco, sino una simple ayuda que nos simplifique todo el proceso hasta que hayamos dejado de sentir la abstinencia.

Los estudios indican que las personas suelen engordar unos 5 kg después de fumar, pese que existen casos que suman hasta 10 kg y otros que incluso adelgazan. Cada cuerpo es un mundo, por lo que habrá que adaptarse a cada una de nuestras necesidades.

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